jueves, 29 de noviembre de 2007



Una única frase mereció la pena

Así es, amigos. De lo dicho anteriormente en "Latte o no late" la frase final es la única aprovechable. ¿Cuándo escribiría este "post", concepto que he descubierto hoy gracias a un concurso de Atrápalo.com.?

Decididamente, colgaré fotos retocadas que, aunque no sea creativo, constituye una buena manera de reciclar determinados contenidos.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

¿Latte o no late?

Acabo acceder de nuevo a esto que un día comencé y he recordado el buen propósito inicial de escribir algo - aunque fuese un poquito - día a día. Me hace gracia que este tipo de planteamientos, aquellos apellidados con " de buenas intenciones". Podemos llegar a ser tan crédulos que resulta pasmoso lo terriblemente fácil que es engañarnos. Me parece que de esto último nunca tendremos bastante... Con este motivo,aunque reconozco que cuando empiezo a escribir no elaboro guión provisional alguno, intentaré explicar una de las cuestiones que últimamente me trae de cabeza.Como es de suponer, tampoco existe un propósito concreto. Se trata de un proceso experimental, como si estando en una cocina, dipusiésemos de innumerables conocimientos, aparatos e ingredientes y decidiésemos probar y ver qué pasa, sin cumplir normas o procedimientos ya conocidos formados por combinaciones con las que obtendremos resultados satisfactorios - según para qué audiencia -. Lo más probable en este caso es que el resultado termine en el cubo de basura pero la información intermedia - no ya final - que proporciona, así como su relevancia, es inestimable, sin tener en cuenta las puertas que abre el hecho de lograr algo que merezca la pena. Estas son las cosas que suelen pasar a la historia como "genialidades". Comer excrementos cada mañana, en su día, también se llegó a considerar como tal. Ahora me parece una guarrada.

Con respecto al título. La verdad es que lo dice tod - ¿os acordáis de Tod Wilkins, de las gemelas de Sweet Valley? - y más bien es útil como subtítulo - o sobtretítulo - de una viñeta crítica. Quizá la realice y la cuelgue. También es posible que no lo haga. Como esto no creo que lo lea nadie, la verdad es que me da igual . Si me da por hacerla, la cuelgo dentro del blog y si alguien la ve, genial. Si alguien la copiase, mejor aún. Y si alguien estuviese dispuesto a publicarla, que me lo indique y yo le permitiré lucrarse a gusto. No lo hago por el dinero, la verdad. ¿Latte o no late? Si eres cafetero, latte; si no, late.Y si estás muerto, no late. Así de sencillo.

martes, 29 de mayo de 2007

¿Conoces a Ana Boduro?

Empleando este curíoso título voy a centrar mi atención en la joven que apraece junto al panel de palabras durante el programa "La ruleta de la fortuna", el cual, si no me equivoco, es emitido por Antena 3 aproximadamente a mediodía. Probablemente, si sumamos aquello - incluyendo anuncios - que podemos ver a lo largo del día, esta muchacha quizá pase absolutamente desapercibida. Razón de más para dedicar una cuantas líneas a su persona, así como a la labor que desempeña.

Puede parecer exagerado e incluso roza el absurdo pero, a pesar de ello y del castigo a su reputación que, en mi opinión, ella misma se inflige a diario, resulta ser mí el último rayo de decencia perceptible en toda la parrilla televisiva, centrando la opinión en la más pura subjetividad.

La chica en si es mona. No presenta aparentemente ningún defecto perceptible a simple vista y al ser enfocada de lejos, aquellos que padecemos miopía únicamente centramos nuestra atención en lo superficial. Hay días en los que, ataviada con minifilda, luce unas botas de vaquero al más puro estilo far west - no quiero imaginar el olor de éstas, ni al principio ni al final del programa tras una sesión de focales-; otros, en cambio, presenta una imagen - en inglés, look - distinta, pero no muy disonante con la del día anterior.
Su labor - la verdadera finalidad de su trabajo, por que el que cotiza como todo miembro trabajador según régimen establecido en Ley - está centrada en destapar las letras que el panel contiene gracias al contacto de su mano con éste - nadie parece haberlo intentado con otra parte del cuerpo..., o al menos yo no lo he visto -.

Paseos por aquí y por allá complementan su labor, coronando su figura como la reina del momento. Mientras, en los pulsadores, tres individuos se encuentran custodiados por un presentador que aparte de guapo y simpático - habría que verlo borracho -no parece poder ofrecernos mucho más. Lo mejor de todo el formato es, sin duda, el público que apoya con cánticos y palmadas a los concursantes para con la hercúlea tarea de hacer girar la ruleta. "A por el bote", gritan unos... "Uy", exclaman otros.... "Bien", dicen los restantes. (Nótese que no empleo signos de exclamación ya que no dispongo de la oportunidad de emplear ambos signos exclamatorios). Ninguno de ellos parece presentar rasgos de haber leído a Tolstoi; mas bien, tiene pinta de que la mayoría opta por Gogol.

Volviendo a la joven, ella sigue ahí, aguantando el tipo, de pie, con el consecuente riesgo de desarrollar varices, comportándose como toda una heroína. Si yo fuese socialista - es decir, miembro del partido - la incluiría en listas como competidora frente a la omnipresente Presidenta, con tal de aumentar la esperanza entre los frustados votantes madrileños de centro izquierda. Es más, quizá me afilie al PSOE únicamente para proponer la idea..., haciendo justicia de una vez por todas.

domingo, 18 de marzo de 2007

Carta que no sé si enviaré o no

Joven madrileño, tres y media de la mañana. Aguarda pacientemente su turno en la cola de una discoteca. Es comprensible: está de moda. Espera, motu proprio, unos 20 minutos. Finalmente, decide abandonar; hace frío y salió la noche anterior.

Nivel estimado de alcohol en sangre: 0,03 gr/litro. A pesar de ello, cree en la utilidad y ventajas del transporte público. Debe tomar la línea cinco, que lo deja a escasos metros de su domicilio. Desde que en mayo de 2006 las autoridades competentes diesen el visto bueno a la implantación de este servicio de autobuses nocturnos, éste ha sido su más fiel compañero.

Como toda pareja, el joven madrileño – y orgulloso de serlo – y su verde (aunque pintado de rojo) amigo, no siempre llegan a un acuerdo. Sucede lo siguiente: el joven, cierto es, acude a la cita en un tiempo aleatorio. Su pareja, en cambio, tiene el compromiso de pasar, de forma regular, cada quince minutos; desde la una menos cuarto hasta las seis menos cuarto en las madrugadas de viernes, sábados y vísperas de festivo.

En un principio, las exigencias no salen a relucir. Se aceptan e incluso auto-disculpan si algo ha podido llegar a incomodar al otro. Las discusiones, en esta fase, terminan en abrazo.

Aun así, sucede que ya han pasado diez meses y la pareja, con sus más y sus menos, sigue acudiendo a su cita. El problema radica en que los hábitos del compañero más férreo se han visto alternados por otros menos respetuosos. El joven acusa a éste de su falta de puntualidad y de un cierto abandono. El otro, por su parte, evita toda admisión de culpa y niega cualquier tipo de responsabilidad a través individuos con grado de aspereza variable.

Llegados a este punto, ¿cuál de los dos, piensan ustedes, está faltando al cumplimiento de sus obligaciones? ¿Quién sería el responsable de la causa de ruptura; el joven debido a su libertad o el autobús al incumplir su compromiso?